Sobre: Pedagogías alternativas: experiencias críticas e insumisas de transformación educativa en América Latina [1].
Dafne Reyes Jurado[2]
El libro Pedagogías alternativas: Experiencias críticas e insumisas de transformación educativa en América Latina es una propuesta colectiva finamente entretejida en torno a estudios y enfoques pedagógicos alternativos, que va más allá de una mera recopilación de experiencias. Su objetivo es visibilizar diversas apuestas educativas sustentadas en lo alternativo y lo diverso, tanto por sus temáticas como por las y los participantes a quienes están dirigidas y que se encuentran en el centro de estas propuestas.
El libro constituye una invitación constante a trabajar con la diferencia, dentro y fuera del espacio áulico, desde el trabajo colegiado, el diálogo y la memoria colectiva como herramientas capaces de gestar cambios en las formas de pensar y en las actitudes de quienes participan de ellas.
Asimismo, invita a cuestionar hasta qué punto la educación formal se utiliza como una herramienta política para reproducir un sistema social, económico y político que genera un desequilibrio ecológico y profundiza las brechas de desigualdad social y económica. De igual forma, plantea que existen numerosas prácticas que, aunque no siempre son reconocidas, permanecen en los márgenes curriculares y también forman y transforman a las y los participantes de estos proyectos. Aunque su invisibilización desde los modelos tradicionales es constante, el libro apuesta por posicionar y visibilizar estas prácticas alternativas como propuestas de transformación social y ecológica.
A lo largo de sus páginas, el libro también permite imaginar escenarios en los que es posible construir redes y comunidades de aprendizaje desde la horizontalidad. Así, invita a cuestionar nuestras prácticas, repensar otras lógicas educativas y posicionar diferentes voces y perspectivas en el aprendizaje.
El libro surge a partir del seminario “Pedagogías alternativas frente al cambio climático: aprendizajes para preservar la tierra” y busca posicionarse como una apuesta político-pedagógica que, mediante diversos ejemplos, muestra que existen otras formas de vivir, aprender y educar. Estas “formas otras” de vivir y educar requieren un cambio de paradigma que tome en cuenta el territorio, se aleje de modelos monolingües, monoculturales y homogeneizantes de los contenidos curriculares y cocurriculares, valore la diversidad cultural y lingüística, y dialogue verdaderamente con los saberes comunitarios.
El libro se compone de 12 artículos, cada uno con distintos planteamientos, que muestran por qué forman parte de las apuestas pedagógicas alternativas para enfrentar los retos actuales. Entre ellas se encuentran pedagogías basadas en la diferencia, en los saberes tradicionales, propios, locales y regionales; pedagogías insumisas, interculturales, territoriales y de la memoria; así como experiencias formativas, agencia y prácticas emancipadoras de niñas, niños, jóvenes, mujeres, universitarios(as), estudiantes de posgrado, ecopedagogías y más.
Además, aborda experiencias mayoritariamente situadas en México, desde distintas latitudes del país, así como dos experiencias fuera del territorio mexicano: una sobre propuestas pedagógicas en Nicaragua y otra en Guatemala. En este sentido, agrieta los modelos tradicionales y abre la posibilidad de seguir repensando “formas otras” frente a las propuestas pedagógicas y curriculares convencionales. Algunas experiencias se desarrollan dentro de las aulas y son dirigidas por y para estudiantes; otras tienen lugar y coexisten fuera de los espacios tradicionales, con personas interesadas en sus procesos formativos, de empoderamiento, participación y transformación social.
En cuanto a los elementos que podemos encontrar en el libro, destacan características y aspectos fundamentales de una propuesta alternativa, como la comunidad y los saberes tradicionales. La comunidad se entiende como un sistema complejo de reciprocidad, conformado por creencias, valores y costumbres; como una visión de equilibrio de las relaciones sociedad-naturaleza; y como una sociedad dinámica que se encuentra en red, donde se transmiten saberes tradicionales vinculados con la cultura y la identidad. De alguna manera, estos elementos están anclados entre sí: no puede haber uno sin el otro.
De igual forma, otra característica que consolida el libro es la promoción de una conciencia nueva, es decir, de una “acción liberadora” y de la transformación social. Incluso plantea que esto puede incomodar; de hecho, un proyecto alternativo también se caracteriza por ello: porque se abre a la diversidad –de personas, de culturas, de saberes, de pedagogías– y eso, paradójicamente, puede generar mucho ruido entre quienes defienden modelos y pedagogías tradicionales, en los que es el docente quien posee la verdad absoluta y la única persona del aula, espacio o territorio que tiene “el conocimiento”.
Otro rasgo de las pedagogías alternativas es construir un espacio seguro, común y colectivo que reúna a las diversidades y a las diferencias, que produzca identificación y procure ser un espacio de reconocimiento validado y compartido en el que cada persona asume su poder y agencia para crear espacios de formación y transformación dentro y fuera del aula.
Por otro lado, el libro sostiene que un proyecto alternativo debe generar agencia, conciencia y organización en quienes participan en él. Esto también lo convierte en un proyecto insumiso, porque implica exigir, reconocer necesidades y demandar lo justo. Por ejemplo, en el caso de Nicaragua, las capacitaciones y talleres sobre liderazgo personal, autoestima, género, economía del cuidado, economía feminista y derechos humanos, compartidos con colectivos y redes de mujeres campesinas, les permitieron, a partir de la conciencia colectiva y la organización, exigir tierras a su nombre y transformar la cotidianidad de sus hogares. Esta experiencia puede encontrarse en el capítulo 2.
Algunas de las experiencias que el libro comparte son procesos de alfabetización, talleres de poesía, talleres con mujeres campesinas, iniciativas con organismos no gubernamentales y asociaciones civiles populares, así como intervenciones educativas con universitarios y con niñas y niños. En conjunto, estas experiencias muestran cómo las pedagogías alternativas influyen en la vida de estudiantes, personas, mujeres, niñas y niños que transforman sus realidades; eso constituye ya una transformación social muy valiosa.
En esa línea, la perspectiva freireana es una de las más mencionadas a lo largo del libro. También propone que un elemento fundamental de las pedagogías alternativas son sus frutos, algo que no puede perderse de vista. Si estas prácticas han sido invisibilizadas durante mucho tiempo, resulta importante dejar frutos que den cuenta de ellas y sean testimonio de las prácticas que existen y resisten: frutos como el libro mismo y, a partir de él, otros frutos como esta reseña.
Por otra parte, el libro ofrece experiencias formativas valiosas y pocas veces reconocidas dentro del currículo formal: el contacto con personas distintas de las que tradicionalmente se acostumbra invitar al espacio universitario –como la charla con una persona con discapacidad motriz o un trueque en la facultad– constituye una experiencia que se aparta de las actividades dominantes y legitimadas en el currículo formal.
Las pedagogías alternativas reconocen a los sujetos a quienes están dirigidas las prácticas, así como su agencia y sus saberes culturales, partiendo de que todas y todos sabemos algo y, desde ahí, tenemos algo que aportar. Dentro de estos procesos, los sujetos son aprendices activos y coconstructores de su agencia en el proceso educativo. Por ello, es necesario reconocerlos para plantear propuestas alternativas acordes con el contexto local o regional de las y los estudiantes.
El libro propone un análisis interesante para abordar tiempos y problemáticas actuales vinculadas con la tecnología y el espacio virtual como realidad social presente. Aborda temas como la inteligencia artificial generativa, entendida como un mundo nuevo que plantea retos, riesgos y confusiones respecto de la realidad; es decir, cada vez resulta más complejo verificar qué es real en aquello que vemos. Por otro lado, reflexiona sobre la prisa como una peculiaridad del mundo actual, pero también como una patología social y una forma de alienación que nos impide estar presentes en el mundo con plenitud.
Uno de los enfoques abordados en más de un artículo es la ecopedagogía; un enfoque crítico que estimula una educación orientada a incentivar la conciencia ambiental, la equidad y la justicia social, a partir del fomento de sentimientos de comunidad global.
¿Por qué hablamos de que las pedagogías alternativas son propuestas de transformación social, económica y ecológica? En su mayoría, las y los autores señalan que las propuestas de transformación provienen del Sur global, específicamente de sociedades rurales, campesinas y de los pueblos originarios quienes históricamente han puesto el cuerpo para salvaguardar sus territorios y la biodiversidad.
Por consiguiente, la ecopedagogía no es solo una práctica, es acción social, dentro y fuera del aula, es un movimiento que reivindica el papel de las y los docentes y coloca al estudiantado desde una perspectiva biocéntrica; es decir, coloca no solo al estudiantado en el centro, sino también a la vida, fomentando experiencias, el espíritu de la curiosidad y el descubrimiento, así como la búsqueda permanente de lo desconocido.
La ecopedagogía es distinta de la educación ambiental porque va más allá de un proceso de enseñanza-aprendizaje con la naturaleza: se aparta del modelo tradicional y concibe a las y los docentes como facilitadores, mentores y líderes pedagógicos que guían y acompañan al estudiantado en la búsqueda y construcción del conocimiento, sin invalidar el propio. Así, adopta un papel disruptivo en el proceso de transformación social. Su premisa es el cuidado de la vida en todas sus manifestaciones, su enfoque crítico cuestiona los modelos neoliberales y capitalistas imperantes en nuestra sociedad, así como su impacto en las formas de pensar, vivir, convivir y educar. Este tipo de pedagogías, además de ser alternativas, permite al estudiantado cuestionarse, desarrollar pensamiento crítico e identificar problemáticas que atañen al territorio y a la comunidad.
Sin embargo, a propósito del libro, vale la pena reflexionar que las propuestas pedagógicas alternativas deben analizarse desde perspectivas críticas que reconozcan su potencial emancipador, así como sus límites y alcances. Por ello, considero fundamental comentar los aspectos positivos que identifico en las experiencias compartidas en el libro; por ejemplo, el fortalecimiento de las identidades, los saberes propios y los conocimientos locales y que valoran y promueven las lenguas propias, la memoria, los conocimientos comunitarios, el diálogo de saberes y las distintas formas propias de organización.
Y eso es poderoso porque incorpora aquello que históricamente estuvo excluido y subalternizado de los procesos educativos; porque rompe con la idea de que el conocimiento hegemónico es el único válido y, sobre todo, porque parten de la sensibilidad de cada lugar, de un contexto específico y de un saber local. Con ello, fortalece identidades y la autoestima cultural y colectiva.
Estos proyectos son formas de resistencia frente a modelos neoliberales, racistas y extractivistas, porque ponen en el centro la vida, la autonomía y el territorio; que replantean alternativas de desarrollo y que construyen formas colectivas y horizontales para tomar decisiones. Además, involucran a los sujetos en la participación, impulsan liderazgos y rompen con jerarquías tradicionales.
Por otra parte, dentro de las pedagogías alternativas también existen tensiones que es necesario cuidar; por ejemplo, no idealizar ni romantizar todo lo que ocurre en el proceso, a quienes participan de él o lo que ocurre en la comunidad. Tampoco se deben invisibilizar ni dejar de problematizar los conflictos existentes, así como las interseccionalidades de las y los participantes. Es necesario tener presente que, para que un proyecto sea alternativo, debe buscar un cambio estructural, una transformación real de las desigualdades y verdaderas perspectivas capaces de cuestionar el poder.
En resumen, es necesario poner sobre la mesa a quiénes están poniendo el cuerpo y asumiendo la carga de trabajo que implican los proyectos alternativos. Es una realidad que existe desgaste, invisibilización del trabajo, pocas personas sosteniendo los procesos y proyectos, así como una falta importante de financiamiento para ellos.
Me gustaría cerrar estas líneas con tres ideas. La primera es repensar que estos modelos pedagógicos alternativos dan cuenta de que es posible habitar las aulas y realizar el trabajo docente y académico de otras maneras. Por tanto, es necesario visibilizarlas, promoverlas y vivirlas en los diversos aspectos de nuestras vidas académicas, como puede ser pensar otras formas de presentar un libro o de escribir una reseña, por ejemplo.
La segunda es compartir algunas de las pedagogías alternativas que pueden implementarse desde ya en las aulas, como el aprendizaje basado en proyectos tutoriales, el acompañamiento entre pares de estudiantes de semestres avanzados a estudiantes de nuevo ingreso, los trueques u otras actividades que ofrecen experiencias distintas, así como la realización de observaciones y entrevistas a sabios comunitarios como formas de aprender.
Finalmente, la última idea es problematizar, entre quienes nos dedicamos a la docencia, la necesidad de posicionar que la misión no consiste en trabajar desde enfoques que prioricen o fomenten únicamente lo económico, es decir, el intercambio monetario sin más. Existen otras formas de vivir y de trabajar que se alejan de esos moldes establecidos y que podrían llevar verdaderamente a nuestros estudiantes a pensar su profesión y su trabajo desde otros modos, que les permitan vivir dignamente sin quedar atados a una vida que se preocupa solo por el capital.
[1]Noceda León, David Alonso y Lara Arzate, Javier (coords.). (2025). Pedagogías alternativas: experiencias críticas e insumisas de transformación educativa en América Latina. México: Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales / Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable / Red de Estudios y Enfoques Pedagógicos Alternativos.
[2] Candidata a doctora en Educación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Responsable del Programa Intercultural de Vida Universitaria Pedro Arrupe, SJ. Formadora académica de la Universidad Iberoamericana de Puebla. Correo electrónico: dafne.reyes.jurado@iberopuebla.mx