Editorial
El mundo se ha vuelto progresivamente menos pacífico. Hablar de paz es hoy una urgencia que exige, por un lado, atender seriamente a los datos y, por otro —como sugiere la portada de este número—, enfocar los binoculares y ampliar la mirada para reconocer experiencias y saberes que abren nuevos horizontes. El Global Peace Index 2025 ofrece una constatación difícil de eludir: la paz global continúa su repliegue. El promedio mundial registra un nuevo retroceso (–0.36%) y el número de conflictos armados estatales —actualmente 59, muchos de ellos internacionalizados— alcanza su nivel más alto desde 1945. A este deterioro se suman las 152.000 muertes relacionadas con guerras registradas en 2024, y un impacto económico de la violencia que asciende a 19.97 billones de dólares, equivalente al 11.6% del PIB mundial. Según el informe, los conflictos se han internacionalizado: 78 países han intervenido fuera de sus fronteras en un escenario de fragmentación geopolítica que debilita la prevención y encarece la guerra. En este contexto, el monitoreo de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED) confirma el ensanchamiento de la zona de riesgo para la población civil. Entre diciembre de 2024 y noviembre de 2025 se documentaron 204.605 eventos de violencia política y más de 240.000 muertes registradas; en torno a 831 millones de personas —una de cada seis— viven hoy expuestas al conflicto, en el periodo de mayor violencia dirigida contra civiles de los últimos cinco años. América Latina es clave en este panorama: cuatro de los 10 contextos con nivel de riesgo “extremo” en el planeta se localizan en la región. México, en particular, se mantiene como uno de los escenarios de mayor peligrosidad para la población civil entre los países sin una guerra formalmente declarada.
El Índice de Paz México 2025 introduce un matiz que complejiza el diagnóstico. Si bien el país mejoró 0,7% su nivel de paz en 2024 —quinto año consecutivo de avances moderados—, el balance de más largo plazo es menos alentador: desde 2015 acumula una caída de 13.4%. La tasa de homicidio es actualmente 54.7% más alta que hace una década y los delitos cometidos con armas de fuego crecieron 71.2%, con contrastes territoriales marcados: Colima se ubica como el estado menos pacífico y Yucatán como el más pacífico. El informe atribuye el patrón de violencia, sobre todo, a la delincuencia organizada y a flujos trasnacionales de drogas, armas y dinero.
Con este telón de fondo, el presente número de Incidencias propone una lectura que desciende de las curvas globales a los territorios concretos en los cuales la paz se disputa cotidianamente. El orden del dossier guía esta travesía por distintas escalas, lenguajes y metodologías: de la reflexión académica a la experiencia situada, de las vocaciones investigativas emergentes al pensamiento crítico aplicado.
En la sección Miradas Académicas, el artículo “Limitantes de los procesos de paz y alternativas de paces híbridas desde las resistencias locales” abre el dossier con una revisión crítica del paradigma de paz liberal. El texto cuestiona la noción de una paz única y estatocéntrica, al mostrar cómo los modelos tradicionales suelen entrar en tensión con realidades complejas y territorializadas. Frente a la transferencia acrítica de marcos externos, emerge el “giro local” o la construcción de paz “desde abajo”, que reconoce la agencia de la sociedad civil y de los saberes situados. Desde esta perspectiva, las paces híbridas o posliberales se entienden como procesos dinámicos que articulan dispositivos formales e informales, resistencias locales y estructuras institucionales, en una negociación constante orientada a transformar el conflicto y sostener la vida en los territorios.
Así, el conjunto de textos que conforman el dossier puede leerse como la emergencia de gramáticas de paz ancladas en territorios concretos. En ellas, personas privadas de su libertad, víctimas, comunidades, pueblos indígenas, juventudes y otros sujetos colectivos disputan sentidos, producen saberes y crean alternativas frente a las violencias directas, estructurales y culturales.
Esa necesidad de ensanchar el horizonte para mirar otras paces se vuelve tangible en “Sujetos epistémicos y construcción de paz: una experiencia participativa en contextos penitenciarios”. El artículo muestra que, aun en una institución total que tiende a cancelar la palabra, las personas privadas de libertad despliegan agencia, producen saber y generan prácticas de resistencia. Reconocer estas voces —y sostenerlas mediante dispositivos pedagógicos— abre posibilidades tanto de paz negativa (contención de daños) como de paz positiva (transformación de condiciones). La cárcel aparece, así, como un espacio atravesado por violencias estructurales y simbólicas, pero también como un laboratorio social en el que se ensayan gramáticas alternativas de paz que vinculan la reinserción con el reconocimiento, el cuidado y la reconstrucción social dentro y fuera de los muros.
Cierra esta sección “La víctima como categoría en México. De la representación tradicional a la agencia en la construcción de paz”, que profundiza el giro propuesto al desmontar la figura de la “víctima ideal”, la cual jerarquiza dolores y administra el acceso a la justicia mediante prácticas que suelen revictimizar. Frente a esto, el texto documenta la emergencia de víctimas-agentes que coproducen verdad, exigen rendición de cuentas y sostienen una ética del cuidado colectivo como forma de reparación profunda. El artículo muestra que, frente a una justicia hegemónica que individualiza el daño, el cuidado mutuo permite reconstruir el tejido social y transformar el dolor en acción colectiva, y argumenta que no puede haber paz duradera sin reconocer a las víctimas como sujetos políticos activos.
En la sección Experiencias y Otros Saberes, “CIAS por la Paz: diez años tejiendo paz con las juventudes” sistematiza una década de trabajo territorial orientado a la reconstrucción del tejido social frente a violencias culturales y estructurales. El texto presenta la Tríada para la Paz —reconstrucción del tejido social, seguridad ciudadana y justicia restaurativa— como un enfoque integral que articula cuidado comunitario, proximidad institucional y procesos restaurativos. Da cuenta de metodologías concretas —círculos escolares y familiares, asambleas, mediación comunitaria— y subraya una lección clave: la paz se sostiene cuando hay acompañamiento, continuidad y articulación entre comunidad e instituciones locales. Al situar el protagonismo juvenil y el cuidado institucional en el centro, el artículo posiciona al cias como un referente de paces híbridas y territoriales, capaces de disputar el paradigma punitivo desde la presencia, la escucha y la confianza.
Desde otra experiencia situada, “Cherán: de la defensa de los bosques al autogobierno comunal en México” muestra cómo la protección de un bien común —el bosque— devino autogobierno indígena, seguridad comunal y pacificación territorial. Surgida de una doble crisis —socioambiental y de violencia—, la experiencia de Cherán hizo de las fogatas, las rondas comunitarias y las asambleas, dispositivos políticos de reconocimiento y cuidado. El caso evidencia que, en contextos de cooptación o ausencia estatal, la seguridad se reconstruye con proximidad, mediación y confianza, y la justicia con la reparación del daño al tejido comunitario, más que con el castigo. Aporta, así, una comprensión de la paz que integra justicia, territorio y memoria, e interpela los modelos centralizados de seguridad.
En “Memoria viva, traición del Estado. La experiencia del mecanismo de esclarecimiento histórico de la Comisión de la Verdad”, se ofrece una reflexión crítica y testimonial de esa entidad encargada de investigar las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en México durante la “Guerra Sucia” (1965-1990). El texto sitúa dicha experiencia en el marco del derecho a la verdad y a la memoria como pilares ético-políticos de la dignidad y la democracia, y la analiza como un ejercicio fundante, aunque incompleto, de justicia transicional. A partir de un balance crítico, documenta la responsabilidad sistemática del Estado, los límites impuestos por la falta de voluntad política y la persistencia del pacto de impunidad, y subraya que sin verdad, reconocimiento y memoria no es posible una paz duradera. La paz, aquí, no es olvido ni cierre, sino responsabilidad histórica y compromiso de no repetición.
La sección Nuevas Vocaciones Investigativas introduce un contrapunto socioambiental en “Zonas de refugio pesquero: lecciones del corredor San Cosme-Punta Coyote, Baja California Sur”. A partir de una década de su implementación, el artículo documenta resultados ecológicos positivos de las zonas de refugio pesquero, pero también advierte la fragilidad institucional de estos esquemas cuando el Estado se retrae del financiamiento y la vigilancia. La investigación muestra que la corresponsabilidad entre comunidades y Estado es condición indispensable para evitar que estos instrumentos se conviertan en “reservas de papel”. Así, la paz ambiental aparece ligada a capacidades institucionales y al reconocimiento del esfuerzo comunitario en el cuidado de los bienes comunes.
En la sección Análisis de la Realidad convergen dos miradas transversales. “El vínculo desde el cuidado y la ternura: fundamentos antropológicos y feministas para la paz” sostiene que no habrá paz positiva sin democratizar el cuidado como principio ético‑político: redistribuir tareas, reconocer derechos y transversalizar los cuidados en la educación, el trabajo, la justicia y la seguridad. La ternura, lejos reducirse a la intimidad, se entiende como una práctica política capaz de desarmar la dominación y reencauzar los conflictos por vías de reconocimiento, escucha y reparación. En contraste, “El genocidio en la Franja de Gaza y la crisis del orden internacional: una visión desde el Sur Global frente a la violencia de Estado” sitúa la discusión en la escala geopolítica. El artículo analiza la violencia extrema desde categorías como necropolítica y colonialismo de asentamiento, y cuestiona la selectividad del derecho internacional para explicar la jerarquización contemporánea de vidas. Al hacerlo, conecta la paz con memoria, duelo, responsabilidad y justicia global, y plantea la urgencia de escuchar las voces del Sur Global como crítica ética al orden contemporáneo.
En la sección Pensamiento Crítico, “Hacia una gramática de la paz: una relectura del modelo de reconstrucción del tejido social del CIAS por la Paz” propone entender la reconstrucción del tejido social como una gramática: un conjunto de reglas prácticas que la gente moviliza para sostener vínculos, sentidos de pertenencia y acuerdos para convivir y resolver conflictos. El texto distingue configuradores comunitarios, institucionales y estructurales, cuya interacción define la solidez del tejido social y la posibilidad de procesar el conflicto sin recurrir exclusivamente al castigo; de esta manera, ofrece un marco analítico y operativo para diagnosticar y transformar contextos de violencia desde lo local. La propuesta contribuye a pensar la paz como un proceso relacional, cotidiano y territorial que exige cuidado sostenido de sus reglas y mediaciones.
La reseña sobre “Gobernación corresponsable y problemas socioecológicos de México”, de Ricardo Valentín Santes-Álvarez (2024), complementa este cierre al discutir la necesidad de fortalecer la rectoría del Estado sin cancelar la participación social. La noción de gobernación corresponsable articula políticas públicas, bienes comunes y corresponsabilidad ciudadana, y sitúa la sostenibilidad socioambiental como condición de una paz duradera.
Volver al comienzo de esta presentación permite comprender el sentido de conjunto. Si bien el mapa internacional muestra una paz en retroceso, conflictos cada vez más internacionalizados y una prevención que pierde peso frente al gasto militar, los textos del dossier revelan aquello que los índices no alcanzan a captar por sí solos: que en escuelas, ejidos, penales, cooperativas, colectivas, cabildos, mesas restaurativas y fogatas comunitarias existen gramáticas vivas de paz que reinventan instituciones, crean lenguajes de cuidado y transforman los conflictos desde los márgenes. La paz, así entendida, no es un decreto ni un dato, sino la capacidad relacional de una sociedad para reconocerse, deliberar, reparar y sostener bienes comunes en el tiempo.
Por ello, este número 8 de Incidencias concluye con una invitación concreta: construir paz desde la educación para la paz y la promoción de una cultura de paz. Educar para la escucha, el disenso responsable y la cooperación; para la memoria que reconoce a las víctimas y previene la repetición; para el cuidado como política pública y práctica cotidiana; para la justicia restaurativa que repara la trama social; para la seguridad de proximidad que media y previene; para la corresponsabilidad que articula Estado, sociedad y territorio; para la ternura como fuerza política que desarma la crueldad y hace posible la convivencia. Si al inicio los datos obligaban a reconocer el estrechamiento del horizonte, el cierre propone un gesto inverso: tomar los binoculares y ampliar la mirada. Que este dossier funcione así, como una invitación a afinar el enfoque y a reconocer horizontes de paz que, aunque parezcan lejanos, ya se prueban en prácticas concretas. Los textos aquí reunidos ofrecen un repertorio de saberes, propuestas y experiencias para ensanchar lo posible —de lo global a lo local— y construir horizontes de paz con justicia socioambiental duradera.
En nombre del Consejo Editorial de Incidencias, expresamos un sincero agradecimiento a la Dra. Ana María Ramírez Santibáñez, la Dra. Claudia Alonso González, el Mtro. Roberto Ignacio Alonso Muñoz y el Mtro. José Luis García Aguilar, quienes concluyen su participación en este Consejo. Su compromiso y trabajo hicieron posible la consolidación de este proyecto editorial. Asimismo, damos la bienvenida a la Dra. Itzelín del Rocío Mata Navarro, al Dr. Dante Ariel Aragón Moreno y al Dr. Carlos Piñeyro Nelson, con la convicción de que su experiencia fortalecerá el desarrollo y el horizonte crítico de Incidencias.
En este mismo espíritu, expresamos nuestra profunda alegría por el retorno con vida del Dr. Leonardo Ariel Escobar Barrios, miembro de este Consejo, a nuestra comunidad universitaria. Agradecemos a todas las personas que se movilizaron solidariamente para exigir su localización y acompañar a la IBERO Puebla en este momento. La Universidad Iberoamericana Puebla, encabezada por su rector, el Dr. Alejandro Guevara Sanginés, dio testimonio de que el cuidado de la institución pasa, ante todo, por el cuidado de las personas, encarnando el principio de la cura personalis, en el que el amor se expresa más en las obras que en las palabras. Que esta experiencia nos convoque, como universidad y como ciudadanía, a estar a la altura de los retos del país y a no cesar en la exigencia de verdad y justicia para las más de 130.000 personas desaparecidas en México: ¡porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!
Gabriel Mendoza Zárate[1]
Director
Referencias
Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED). (2025). ACLED. Conflict Data and Analysis. Recuperado de https://acleddata.com/
Institute for Economics & Peace. (2025). Global Peace Index 2025: Identifying and Measuring the Factors that Drive Peace. Sydney, Australia: Institute for Economics & Peace. Recuperado de www.visionofhumanity.org/resources/
Instituto para la Economía y la Paz. (2025). Índice de Paz México 2025: Identificación y medición de los factores que impulsan la paz. Sydney, Australia: Institute for Economics & Peace. Recuperado de www.visionofhumanity.org/resources/
[1] Es maestro y doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), Nivel 1, de la secihti. Académico de tiempo completo en el Departamento de Ciencias Sociales y miembro del Observatorio de Participación Social y Calidad Democrática de la ibero Puebla. Su trabajo investigativo y de acompañamiento se enfoca en procesos sociopolíticos de autonomía y defensa del territorio en comunidades indígenas del estado de Chiapas. Correo electrónico: gabriel.mendoza@iberopuebla.mx. https://orcid.org/0009-0003-7305-4413