Hacia una gramática de la paz: una relectura del modelo de reconstrucción del tejido social del CIAS por la Paz
Towards a Grammar of Peace: A Rereading of the Social Fabric Reconstruction Model from CIAS for Peace
Gabriel Mendoza Zárate[1]
Resumen: Este artículo ofrece una relectura sintética de la producción del CIAS por la Paz publicada entre 2016 y 2024, con el propósito de mostrar cómo estos trabajos contribuyen a la consolidación de un modelo operativo de paz positiva centrado en la reconstrucción del tejido social. Desde un enfoque sociológico de inspiración pragmática, la propuesta es interpretada como una gramática práctica de la convivencia, articulada a partir de vínculos, identidades y acuerdos comunitarios. El análisis destaca la evolución de la propuesta del CIAS: desde el diagnóstico inicial sobre la fragmentación social, pasando por la implementación del Programa de Reconstrucción del Tejido Social, hasta la formulación de modelos de gobernanza local y justicia restaurativa. A partir de esta relectura, el artículo sostiene que la paz se construye mediante procesos territoriales que fortalecen vínculos, restauran la confianza, generan capacidades colectivas y articulan a la comunidad con las instituciones. El valor de la propuesta del CIAS radica en la traducción de este enfoque en herramientas conceptuales y prácticas que orientan la acción en contextos atravesados por la violencia.
Palabras clave: convivencia comunitaria, justicia restaurativa, gobernanza comunitaria, participación social, ecología integral.
Abstract: This article offers a synthetic rereading of the work produced by CIAS por la Paz between 2016 and 2024, with the aim of showing how these publications contribute to the consolidation of an operational model of positive peace centered on the reconstruction of the social fabric. From a pragmatist sociological perspective, the proposal is interpreted as a practical grammar of coexistence, articulated around community ties, shared identities, and collective agreements. The analysis highlights the evolution of CIAS’S approach: from the initial diagnosis of social fragmentation, through the implementation of the Social Fabric Reconstruction Program, to the development of local governance models and restorative justice initiatives. Based on this rereading, the article argues that peace is built through territorial processes that strengthen social ties, restore trust, generate collective capacities, and articulate communities with institutions. The value of CIAS’S proposal lies in translating this perspective into conceptual and practical tools that guide action in contexts affected by violence.
Keywords: community coexistence, restorative justice, community governance, social participation, integral ecology.
Hace diez años apareció el libro Reconstrucción del tejido social: una apuesta por la paz (Mendoza Zárate & González Candia, 2016), primer volumen de la colección Jesuitas por la Paz, del entonces recién creado Centro de Investigación y Acción Social por la Paz (CIAS por la Paz, A. C.). En un contexto de violencia y fragmentación social, esta obra se atrevió a plantear una propuesta de reconstrucción del tejido social basada en catorce diagnósticos territoriales en zonas urbanas, semiurbanas, campesinas e indígenas de México. A partir de ella, el CIAS ha publicado nuevos títulos que profundizan el diagnóstico y amplían sus propuestas. Algunos de ellos son: Un camino para la paz. Experiencias y desafíos en la reconstrucción del tejido social (González Candia, Torres Rosales & Torres Lázaro, 2019), Policía municipal y organización comunitaria: un desafío para la paz (González Candia & Torres Rosales, 2022), Diez modelos de buen gobierno. Estrategias para una gobernanza municipal con enfoque de reconstrucción del tejido social (González Candia & Torres Rosales, 2023) y Atención a la conflictividad local. Propuestas desde la justicia restaurativa (González Candia & Torres Rosales, 2024), entre otros materiales.
Las publicaciones del CIAS por la Paz, durante la última década, representan uno de los esfuerzos más sistemáticos de investigación-acción para comprender y transformar la crisis de violencia que asola a México. A través de cinco obras publicadas entre 2016 y 2024, la institución transita de un diagnóstico inicial sobre la fragmentación comunitaria, hacia la consolidación de un modelo operativo de paz positiva que integra dimensiones éticas, políticas e institucionales. El hilo conductor de esta colección es el concepto de “reconstrucción del tejido social”, entendido no como una consigna retórica, sino como un proceso intencional, participativo y territorialmente situado que busca restaurar la confianza, fortalecer los vínculos y recuperar el sentido de pertenencia en comunidades afectadas por la violencia delictiva y estructural.
En este texto propongo una breve presentación y relectura de dicha producción, con el propósito de mostrar cómo el modelo del CIAS puede aportar —de manera modesta pero significativa— a los esfuerzos de actores sociales comprometidos con la construcción de horizontes de paz y de justicia socioambiental.[2] Desde un enfoque sociológico de inspiración pragmática (Boltanski, 2009), el modelo de reconstrucción del tejido social puede interpretarse como una gramática práctica de la convivencia; es decir, un conjunto de reglas, referencias y operaciones que las personas movilizan para sostener sus vínculos, fortalecer su sentido de pertenencia y orientar formas de cooperación. Así, se convierte en una herramienta analítica y de intervención para comprender y promover dinámicas de paz desde las prácticas sociales mismas.
El punto de partida
El itinerario arranca con la tesis de maestría de Jorge Atilano González Candia (2014), Estrategias de políticas públicas de seguridad: un análisis desde el enfoque comunitario, que aborda un problema social crítico en América Latina: la inseguridad ciudadana y la violencia. Su investigación se centró en evaluar tres programas de seguridad local implementados en Colombia (Iniciativa Local de Paz en Garzón), México (Las Fogatas de Cherán) y Chile (Barrio en Paz Residencial en Peñalolén), durante el periodo 1990-2013. El estudio surgió de la preocupación por la ineficacia de las políticas de seguridad tradicionales —represivas y disuasivas—, que han mostrado limitaciones para reducir la delincuencia y, en muchos casos, han exacerbado la violencia. El autor argumentó que la falta de evaluaciones cualitativas y sistematizadas de programas preventivos había impedido identificar los factores que determinan su éxito o fracaso. Por lo cual, su investigación buscó llenar ese vacío mediante un enfoque que priorizaba la dimensión comunitaria y local como base para la seguridad.
La tesis se sustenta en dos pilares conceptuales: la seguridad comunitaria, entendida como la construcción de condiciones sociales mínimas que permitan el desarrollo individual y colectivo, más allá de la mera ausencia de delitos; y el éthos convival, que refiere a un modo de convivencia basado en la solidaridad, el cuidado mutuo y la participación, opuesto al individualismo promovido por la modernización neoliberal.
Una apuesta por la paz
La reconstrucción del tejido social es nuestra apuesta por la paz. No entendemos la paz como la suspensión definitiva del conflicto y la violencia, sino como el resultado de un proceso de reconstitución social que pasa por el restablecimiento de los vínculos sociales, del derecho y la justicia social, y de la creación de condiciones culturales, ambientales y estructurales para la buena convivencia. La paz es fruto del buen convivir en justicia, seguridad y cuidado con los demás y con la naturaleza. (Mendoza Zárate & González Candia, 2016, p. 25).
Reconstrucción del tejido social: una apuesta por la paz (Mendoza Zárate, Gabriel & González Candia, Jorge Atilano, 2016) prolonga el análisis y la reflexión sobre la insuficiencia de los paradigmas de seguridad pública tradicionales, centrados casi exclusivamente en la contención punitiva y el control delictivo. El texto propone un cambio de enfoque: la paz sostenible no puede ser impuesta por el Estado mediante la fuerza, sino que debe ser cultivada desde la base social mediante la reconstrucción, preventiva y cultural, del tejido social. La relevancia de este libro radica en su investigación empírica, sustentada en catorce “radiografías”, o diagnósticos territoriales cualitativos, realizados en diversos contextos de México: desde la urbanización acelerada en Ciudad Juárez (Chihuahua) y Torreón (Coahuila), hasta la resistencia en mundos indígenas como la Tarahumara (Chihuahua) o Bachajón (Chiapas).
Para comprender la crisis de violencia y fragmentación que atraviesa el México contemporáneo, resultó insuficiente apelar únicamente a indicadores de criminalidad o variables macroeconómicas. Fue necesario regresar a los actores mismos, observar cómo las personas construyen y reconstruyen cotidianamente el tejido social a través de acuerdos, justificaciones y prácticas; partir de situaciones concretas de violencia y conflicto en la comunidad —una asamblea vecinal, la negociación de apoyos mutuos, un proyecto colectivo— y atender a la manera en que los propios miembros argumentan y justifican las transformaciones de sus contextos particulares, evidenciando que no son sujetos pasivos, sino actores con capacidad crítica (Boltanski, 2002, 2009). Esto condujo a la construcción de una categoría que permitiera asir la densidad de las relaciones humanas y su deterioro.
En este sentido, la noción de tejido social (Sztompka, 1995)[3] emergió en el análisis como una metáfora potente, al mostrar cómo las personas y comunidades configuran y reconfiguran ese entramado mediante vínculos, acuerdos, justificaciones y prácticas, de modo que pasó de ser una categoría analítica a constituir un marco interpretativo y operativo fundamental. Definido en el libro mencionado como el entramado de relaciones que configuran la realidad social, el tejido social es un proceso histórico de “configuración de vínculos sociales e institucionales que favorecen la cohesión y la reproducción de la vida social” (p. 29).
Con esta premisa, el tejido social se comprendió a partir de tres grandes tipos de configuradores: comunitarios, institucionales y estructurales. Cada uno aporta dimensiones específicas que, en su interacción, determinan la solidez o fragilidad de la vida colectiva.
Los configuradores comunitarios constituyen el núcleo del tejido social, pues remiten a las prácticas y capacidades que sustentan la convivencia cotidiana:
Vínculos sociales: relaciones que generan confianza, estima, solidaridad y cuidado en espacios como la familia, la comunidad, el trabajo o las organizaciones religiosas.
Identidad: referentes de sentido —prácticas culturales y narrativas compartidas— que orientan la pertenencia colectiva; se trata de una construcción dinámica.
Acuerdos: procesos de deliberación y decisión que permiten definir problemas, construir intereses comunes y resolver situaciones colectivas.
Los configuradores institucionales comprenden las formas organizadas que orientan y regulan la vida social: la familia, la escuela, el trabajo, la economía cotidiana, las organizaciones sociales y las instituciones religiosas, entre otras. En su conjunto, estas instituciones permiten regular comportamientos, generar certezas y promover condiciones para la convivencia. En este sentido, el tejido social no es reducible ni a estructuras ni a acciones individuales, sino que emerge en la articulación entre ambas. Como configuradores del tejido social, las instituciones tienen un carácter interdependiente, lo que implica que una modificación en cualquiera de ellas repercute en las demás; por ejemplo, la precarización de las condiciones de trabajo puede afectar los ingresos en los hogares y deteriorar vínculos y convivencia familiar, lo cual repercute en el desempeño educativo.
A este efecto, el libro citado, siguiendo una idea de Saskia Sassen (2003), lo denomina “conexiones sistémicas”, porque permiten poner en relación contextos particulares con un sistema de relaciones más amplio como los configuradores estructurales.[4]
Los configuradores estructurales —o mejor, estructurantes— corresponden a las formas socioeconómicas, políticas, jurídicas, culturales y educativas que determinan las condiciones contextuales en las que se desarrolla la vida social. Entre ellos destacan:
a) Relaciones familiares y electivas: transformaciones en las formas de convivencia, efectos de las tecnologías en la comunicación y nuevas configuraciones afectivas.
b) Relaciones socioeconómicas: el modelo económico, el mercado laboral y las condiciones materiales de existencia.
c) Relaciones políticas y jurídicas: los modelos de institucionalidad, la participación ciudadana, el sistema de justicia y las normas que garantizan derechos.
d) Relaciones culturales y educativas: los sistemas de valores, los referentes identitarios y las oportunidades de acceso a la educación.
El tejido social no constituye un bloque sólido, sino un entramado dinámico de controversias, compromisos y arreglos locales en contextos que articulan instituciones y estructuras. La noción de gramática aplicada al tejido social permite analizar cómo este se sostiene, se tensa o se recompone a partir de la interacción entre los configuradores previamente descritos. En cada territorio, la interacción entre configuradores comunitarios, institucionales y estructurales define el estado del tejido social, y su articulación posibilita comprender tanto las causas de su deterioro como las vías para su fortalecimiento. De este modo, ofrece un marco integral para el análisis y la intervención en contextos marcados por la violencia o la fragmentación.
Así, en la investigación del CIAS, el tejido social resulta un concepto operativo que posee una triple dimensión: descriptiva, al retratar el estado actual de una comunidad; explicativa, al permitir diagnosticar las causas de su ruptura, y prospectiva, al ofrecer rutas claras para su reconfiguración (Mendoza Zárate, 2018). Es precisamente en este marco donde cobran sentido las obras posteriores publicadas por el CIAS por la Paz, entre 2016 y 2024. En conjunto, estos textos transitan desde la urgencia del diagnóstico hasta la consolidación de modelos de gobernanza y justicia, ofreciendo una respuesta integral a la fractura social del país.
Este libro inicial asume, en primer lugar, la dimensión descriptiva y explicativa del modelo, elaborado metodológicamente desde la perspectiva de la Investigación-Acción Participativa (IAP), lo que permite que el diagnóstico no sea una imposición externa, sino un proceso de diálogo en el que las comunidades identifican las causas de su propia fragmentación. Apoyándose en la teoría del conflicto de John Paul Lederach (2000, 2009) y la distinción de Johan Galtung (1998) entre violencia directa, estructural y cultural, la obra sostiene que el daño principal reside en la erosión de los configuradores comunitarios: la mercantilización de la vida y el individualismo extremo han fracturado los vínculos de cuidado y desdibujado las identidades colectivas.
A partir de este diagnóstico, asumiendo una dimensión prospectiva, se elabora la propuesta estratégica que definirá el trabajo del CIAS: los cinco ejes del Programa de Reconstrucción del Tejido Social (PRTS) orientados al horizonte del “Buen Convivir”. Estos ejes —reconciliación familiar, educación para el buen convivir, economía social y solidaria, gobierno comunitario y espiritualidad ecocomunitaria— operan de manera interdependiente para atacar las causas estructurales y culturales de la violencia.[5] Esta obra sostiene que la paz no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de una comunidad para procesarlo mediante acuerdos sólidos y vínculos fortalecidos, sentando las bases teóricas para todo el trabajo posterior del CIAS. La incorporación de la espiritualidad ecocomunitaria, inspirada en la cosmovisión indígena mesoamericana y en la “ecología integral” de la encíclica Laudato Si’ (Francisco, 2015), añade una dimensión fundamental a la investigación para la paz, al entender que la armonía social es inseparable del cuidado del medioambiente y la justicia ecológica.
De la teoría a la práctica
La transición de la teoría a la praxis de esta propuesta, se documenta en Un camino para la paz: experiencias y desafíos en la reconstrucción del tejido social (González Candia, Torres Rosales & Torres Lázaro, 2019). Este segundo volumen sistematiza la implementación del Programa de Reconstrucción del Tejido Social (PRTS) en diez localidades, destacando dos casos emblemáticos en Michoacán: Cherán y Tancítaro. Ambos municipios enfrentaron violencia extrema: tala ilegal y asesinatos en Cherán; así como secuestros y control criminal en Tancítaro. Las comunidades respondieron con organización autónoma: Cherán instauró un gobierno comunal con sistema normativo propio; Tancítaro articuló autodefensas y creó el Consejo Ciudadano del Buen Convivir. La importancia de esta sistematización para la investigación-acción contemporánea reside en mostrar que la paz es un proceso autogestivo: las comunidades de Cherán y Tancítaro lograron pacificar sus territorios, no mediante la intervención federal, sino a través de la recuperación de sus propios recursos organizativos y espirituales.
El PRTS acompañó estas transiciones mediante una estrategia integral que abarcó los cinco ejes mencionados: reconciliación familiar, educación para la convivencia, economía social, gobierno comunitario y espiritualidad ecocomunitaria. Los resultados documentados destacan la disminución de índices delictivos, la creación de cooperativas y el fortalecimiento de la seguridad a partir de la policía comunitaria y de las asambleas escolares.
En el apartado de metodologías para la reconstrucción del tejido social, se describen principalmente las Asambleas de Paz en escuelas, que buscaron generar habilidades para la transformación de conflictos desde la justicia restaurativa y la deliberación democrática; el programa Familias Fuertes, enfocado en la prevención de conductas de riesgo delictivo en adolescentes; el acompañamiento al Consejo de Procuración y Mediación de Justicia, principalmente en Cherán, con un enfoque restaurativo y comunitario; así como las Misiones del Buen Convivir y los programas de economía solidaria en Tancítaro. Estas metodologías se adaptaron a cada contexto mediante procesos de diseño participativo y evaluación constante.[6]
En ese sentido, el aporte principal es la sistematización de los aprendizajes de un modelo replicable que prioriza el diagnóstico participativo, la formación de equipos locales y la articulación interinstitucional. Destaca también la propuesta de una Pedagogía de la Reconstrucción del Tejido Social, también llamada, Pedagogía del Buen Convivir, que modeliza las etapas del proceso de acompañamiento del CIAS en los Programas de Reconstrucción del Tejido Social.
La investigación muestra que, en contextos donde el Estado ha sido parcialmente capturado por intereses criminales, la reconstrucción del tejido social exige recuperar la memoria histórica, fortalecer la identidad cultural y reconstituir al sujeto comunitario. En el plano metodológico, el libro subraya el papel estratégico de las y los animadores comunitarios como actores que facilitan el tránsito del miedo a la acción colectiva. En consonancia con el marco general, sostiene que la restauración de los vínculos de confianza —núcleo de la dimensión comunitaria— es condición indispensable para recuperar la legitimidad de las instituciones locales.
Desde esta perspectiva, la violencia se entiende principalmente como resultado de procesos de desvinculación social, más que como un fenómeno atribuible exclusivamente al crimen organizado. Frente a este diagnóstico, el libro propone articular enfoques de justicia restaurativa, perspectiva de género, cuidado comunitario, derechos humanos y espiritualidad ecológica, con el fin de fortalecer de manera integral el tejido social y comunitario.
Desafíos institucionales para la construcción de paz desde lo local
Reconociendo que la comunidad no puede reconstruirse de manera aislada, el CIAS amplió su análisis hacia los configuradores institucionales. Una nueva investigación profundiza en la relación entre la base social y las instituciones del Estado, atendiendo uno de los eslabones más críticos de la gobernanza en México: la autoridad local. En Policía municipal y organización comunitaria: un desafío para la paz (González Candia & Torres Rosales, 2022), se examina la evolución histórica de la policía en México y la crisis contemporánea derivada de la “guerra contra el narco”, la infiltración del crimen organizado y el debilitamiento institucional. El estudio muestra cómo estas dinámicas impactaron en los municipios analizados, generando miedo colectivo y desconfianza hacia la policía.
El CIAS cuestiona la narrativa de la militarización al plantear a la policía municipal como un agente potencial en la reconstrucción del tejido social. A partir del análisis de ocho municipios con bajos índices delictivos —como Saltillo, San Pedro Garza García y Nezahualcóyotl—, la investigación evidencia que la efectividad policial no depende de la fuerza letal, sino de la “proximidad social” y de la capacidad de los agentes para mediar conflictos cotidianos. El texto subraya que la policía constituye la institución de contacto más inmediato entre la ciudadanía y el Estado; cuando esta relación se fractura, el tejido institucional se debilita.
Este texto es clave para la educación para la paz porque incorpora la perspectiva de la reconstrucción del tejido social en la formación policial, subrayando la ética del servicio, la mediación de conflictos y la coproducción de seguridad con la ciudadanía. Sus hallazgos muestran que la seguridad implica proteger las condiciones sociales que permiten el desarrollo humano, mediante mecanismos cotidianos como redes vecinales, consejos ciudadanos y justicia restaurativa. La investigación evidencia que las policías municipales pueden contribuir a la reconstrucción del tejido social al recuperar la confianza comunitaria, fortalecer redes de apoyo, generar espacios formativos y de reapropiación del territorio, participar en la recuperación de espacios públicos, promover una nueva cultura del servicio público, articular esfuerzos interinstitucionales, atender la conflictividad vecinal mediante procesos formativos y facilitar la evaluación ciudadana de su labor.
Esta línea de investigación sobre las instituciones locales se prolonga en Diez modelos de buen gobierno. Estrategias para una gobernanza municipal con enfoque de reconstrucción del tejido social (González Candia & Torres Rosales, 2023). La obra recupera aprendizajes de una muestra plural de 10 municipios que fueron seleccionados con base en criterios de innovación en participación ciudadana, institucionalización de procesos de transparencia y respuesta a contextos de violencia entre 2010 y 2020. La muestra incluye municipios indígenas (Cherán, Texcatepec), campesinos (Tancítaro, Huatusco) y urbanos (Tlajomulco, Naucalpan, Escobedo, San Nicolás, Chihuahua, Apodaca). Casos como el de Apodaca, con su programa “Vecino Vigilante”, o Chihuahua, con la institucionalización del presupuesto participativo, evidencian que el fortalecimiento de la autogestión vecinal reduce el asistencialismo y aumenta la corresponsabilidad comunitaria.
El análisis transversal identifica factores de cambio recurrentes: cercanía gubernamental, recuperación de espacios públicos, inclusión, diálogo y consensos, institucionalización de procesos y formación ciudadana. Asimismo, se proponen recomendaciones para una gobernanza municipal orientada a la reconstrucción del tejido social.
La idea central que orienta este libro es la gobernanza comunitaria, entendida como un modelo de gobierno local que articula instituciones y ciudadanía para sostener un tejido social sano, desplazando la mirada del nivel federal hacia el municipal como el espacio primordial para la construcción de paz territorial. En un régimen de gobernanza comunitaria, las autoridades no suplantan la organización vecinal, sino que la fortalecen mediante presupuestos participativos y consejos ciudadanos, actuando como un configurador institucional que garantiza el acceso a la justicia y la equidad. La obra resulta pertinente porque coloca al municipio en el centro del debate sobre seguridad y paz, subrayando la necesidad de enfoques locales capaces de impulsar dinámicas comunitarias de convivencia y corresponsabilidad.
La obra más reciente de la colección, Atención a la conflictividad local. Propuestas desde la justicia restaurativa (González Candia & Torres Rosales, 2024), constituye un avance cualitativo en la reflexión sobre la dimensión judicial y ética de la convivencia. Motivada por el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en la Sierra Tarahumara en 2022, la investigación subraya la necesidad de intervenir oportunamente en las tensiones familiares y comunitarias antes de que escalen a delitos graves. El libro cuestiona la cultura punitiva predominante en México y plantea la justicia restaurativa (JR) como una alternativa que privilegia la reparación del daño, la responsabilidad del infractor y la reintegración de las víctimas, por encima de la lógica del castigo carcelario.
Este planteamiento resulta especialmente relevante para instituciones que trabajan con comunidades afectadas, pues parte de la premisa de que el conflicto constituye una fractura en la red de relaciones sociales y, por lo tanto, la justicia debe orientarse a restaurarla. El libro ofrece, además, una ruta metodológica precisa para implementar sistemas locales de justicia que integren mediación comunitaria y procesos de reeducación. Aunque no se trata de un manual técnico, sus recomendaciones son operativas y pueden inspirar programas municipales y estrategias de formación ciudadana orientadas a construir la paz desde lo local. Al vincular la justicia restaurativa con los dinamismos de vínculos, identidad y acuerdos, el CIAS plantea una transformación cultural de fondo: pasar de una justicia basada en el castigo y la exclusión a una justicia fundada en el cuidado y la reconstrucción del tejido social.
Horizontes de comprensión y acción por la paz
En conjunto, estos cinco libros ofrecen un aporte sólido y pertinente a la investigación actual sobre procesos de construcción de paz. Convergen en una antropología que reconoce la capacidad crítica, creativa y resiliente de los grupos locales y, a la vez, permiten abordar la violencia en múltiples escalas —familia, escuela, economía, policía y sistema de justicia—. Teóricamente dialogan con referentes como Johan Galtung y John Paul Lederach, pero incorporan un matiz propio, arraigado en la Ecología Integral de la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco (2015), que confiere a la propuesta un ethos de esperanza y un compromiso ético con el medioambiente y las poblaciones más vulnerables.
Desde el plano teórico‑práctico, las obras superan la dicotomía entre lo social y lo institucional: muestran que la paz se construye “desde abajo” —fortaleciendo vínculos, identidades y acuerdos comunitarios— y “desde arriba” —mediante políticas públicas eficaces, reformando a la policía y al gobierno municipal— en un proceso de retroalimentación constante. Con este enfoque, el tejido social deja de ser visto como una estructura estática para entenderse como un proceso dinámico de coordinación y ajuste permanente.
Esta gramática social se vigoriza en los espacios de solidaridad, donde los vínculos de cuidado se activan frente a la adversidad, y se expresa en los ritos colectivos que dotan de sentido a la identidad compartida. No obstante, el tejido también se ve tensionado en contextos de controversia o disputa, escenarios que exigen negociar la renovación de los acuerdos para mantener la cohesión y la organización. Es precisamente en esta apertura hacia nuevos acuerdos colectivos donde el tejido social demuestra su capacidad transformadora, reconfigurando sus propias reglas de convivencia para responder a los desafíos de la realidad.
Metodológicamente, destaca la persistencia en la Investigación‑Acción Participativa y la sistematización de buenas prácticas, que evitan intervenciones colonizadoras y se anclan en los saberes comunitarios. El CIAS traduce diagnósticos complejos en herramientas operativas —Asambleas de Paz escolares, programas de economía solidaria, diagnósticos territoriales, talleres para el buen convivir, modelos de policía de proximidad y protocolos de justicia restaurativa— que permiten pasar del lamento a la construcción de paz.
Si bien algunos comentaristas podrán señalar la necesidad de una teorización más sistemática, de indicadores cuantitativos más robustos, o de una perspectiva de género más explícita en estos títulos, el valor de la experiencia y del conocimiento producido es innegable. Además, se incorpora la dimensión de una “espiritualidad ecocomunitaria”, al reconocer que la reconstrucción del tejido social exige sentido de trascendencia y reconciliación con el entorno natural, en sintonía con la ecología integral y los desafíos de la crisis climática.
Los desafíos para la paz en México son mayúsculos —presencia hegemónica del crimen organizado, polarización política y una cultura de la violencia arraigada—. Frente a ello, estas obras orientan prácticas transformadoras que se alejan de soluciones mágicas o meramente tecnocráticas. La apuesta es por la construcción del sujeto colectivo: recuperar la palabra en la asamblea, dignificar al servidor público que conoce a su comunidad, sanar las heridas en la familia y fortalecer la organización vecinal para gestionar el propio destino.
En suma, el modelo de reconstrucción del tejido social del CIAS ofrece un marco de referencia, una gramática de vínculos, identidad y acuerdos, para que cada territorio, desde su propia cultura e historia, pueda generar su propia forma de paz. Con esto, permite trascender el diagnóstico del dolor y contar con un andamiaje operativo para la esperanza.
Con esta lógica, la reconstrucción del tejido social se consolida como un proceso que, vínculo a vínculo, repara la trama relacional que sostiene la vida. Así, la propuesta del Buen Convivir se presenta como una utopía realizable y un horizonte ético‑político capaz de orientar prácticas transformadoras en los contextos heridos de América Latina, donde la paz positiva solo puede construirse desde la dignificación de las relaciones humanas y la recuperación de la comunidad como espacio de construcción de sentido compartido.
Referencias
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[1] Es maestro y doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París. Miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), Nivel 1. Cofundador del cias por la Paz en México. Actualmente es profesor e investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla e integrante del Observatorio de Participación Social y Calidad Democrática. Su trabajo se centra en procesos de autonomía, autogobierno y defensa del territorio en comunidades indígenas de Chiapas. Correo electrónico: gabriel.mendoza@iberopuebla.mx. https://orcid.org/0009-0003-7305-4413Gabriel Mendoza Zárate1
[2] En este mismo número de Incidencias, Oscar Daniel Rosales, en el texto “ CIAS por la Paz: diez años tejiendo paz con las juventudes”, hace una presentación del origen del CIAS y una sistematización de la experiencia del Programa de Reconstrucción del Tejido Social.
[3] Piotr Sztompka (1995) propone el tejido social como una metáfora de la realidad entendida no como un sistema rígido, sino como un campo dinámico y procesual de vínculos, dependencias e intercambios en constante transformación. Desde esta perspectiva, el tejido social no es una entidad sustantiva, sino un proceso continuo de configuraciones y reconfiguraciones que se expresa en vínculos concretos.
[4] Las conexiones sistémicas designan los vínculos multiescalares que articulan procesos estructurales con dinámicas locales, mostrando cómo transformaciones económicas o institucionales generan efectos en el ámbito de la vida comunitaria.
[5] Estos ejes o componentes no son limitativos: pueden ampliarse según los contextos sociales, las capacidades de los actores y la disponibilidad de recursos. Un eje particularmente relevante podría ser Arte y Cultura, orientado a transformar entornos marcados por la violencia y la conflictividad social, prevenir el deterioro de las relaciones y generar nuevas capacidades para la convivencia y la paz, como lo plantea el libro Arte para la convivencia y educación para la paz, coordinado por Lucina Jiménez (2016).
[6] Además de sus libros de investigación, el CIAS por la Paz ha publicado una colección de cuadernos de herramientas metodológicas para el trabajo de reconstrucción del tejido social, entre los que destacan: Asambleas de paz (2017); Círculos familiares (2020), Círculos escolares (2021) y Participación comunitaria (2021).